Veo un cartel con luces atractivas y sin querer voy acercándome a ello o ello se acercaba a mí, cuando mas cerca ya me encuentro puedo ver mi nombre y apellido, mas al costado una foto mía y varios números que no entendía.
Poco a poco ingresaba más, y en las paredes podía ver imágenes inéditas de mi vida, párrafos que había olvidado al pasar los años, algunos traían alegría, otros simplemente me llenaban de melancolía y rencor.
Estaba seguro que era un sueño, algo así como para recordarme quien soy, de donde vengo y para donde voy, de quienes están ahí para ayudarme y también en quienes debería poner mas atención para no sorprenderme con traiciones ya vividas.
Sigo avanzando hacia aquel punto sin mover las piernas, empiezo a perder de vista a las imágenes de aquella pared que era como un mural de mis recuerdos, mi vida, de mis momentos los cuales había perdido la noción, me concentro en el punto, en aquel punto que ya no era un punto, sino ya era algo mas grande que ello, que a medida que pasaba el tiempo tomaba mayor tamaño, a medida que se acercaba a mi la temperatura empezaba a cesar y ya las paredes estaban tan angostan que el frío de ellas acosaban mi presencia.
En el silencio de ese caminar involuntario, escucho melodías fúnebres, confesiones estupidas y madgalenicas, También escuchaba voces mientras la luz continuaba empañando mi presencia, empeñaba mi vida, mis sueños y todas las metas que había planeado (incluidas las metas vacías que había trazado para el placer del orgullo familiar).
Las voces empezaron a subir de tono, pero ya no sonaban madgalenicas, sino esta vez estaban exasperadas y algunas hipócritas, entendía que no era un sueño, entendía que no era una mas de mis tantas alucinadas historias, sino era mi muerte, paseaba por mi vida vagabunda y mísera, viendo recuerdos que había olvidado por alguna pastilla de las tantas que solía tomar hace varias semanas, recuerdos que fueron borrados porque a mi cabeza le importa un carajo recordar lo que paso ayer y dejar así que pase desapercibido, porque le parece una mierda tener que guardar algo que solo sería como una película vieja ya vista.
Y esa luz, ya no era luz, no era blanca, ya no era ese puntito que me atraía involuntariamente hacia el, era una puerta roja, una puerta manchada de sangre como si muchos hubieran luchado por no entrar en ella, como si muchos hubieran pasado por lo mismo que yo, y el túnel de mi vida había entendido que yo ya me he dado cuanta que estoy cerca de mi fin, habíase dado cuenta que reconocí que esta ruta era recorrido por muchos sin darse cuenta, hasta estar con Hitler en un sauna para gordos con pedos asfixiantes.
Recuerdo en ese momento las veces que hablaba con liya sobre mi muerte y las cosas que tenia que haber después de ella, algo así como una misión póstuma con la amenaza de que si no la cumpliese seria ella quien me acompañaría a ese sauna de gordos pedorros.
Para consolar la idea de que estaba casi muerto recuerdo las veces que dije que quería morir, y no se me quitaba la idea de que ese dios del que tanto me he mofado me estaba haciendo llamar a su apartamento donde se encontraría con pedro al lado de tres mujeres (una de compañía para mi, pues si dios lo sabe todo… debería saber que en el cielo o infierno quiero mujeres en abundancia) y me tocaría un juicio aburrido para que al final me toque una celda en el infierno con algún terruco que mi viejo mató en su adolescencia, o los polluelos que de niño acostumbraba apedrear hasta dejarlos decapitados, esta vez estarían ellos esperándome en manada y con ciertas mutaciones alienadas para vengar de mi hasta dejarme como yo les dejaba, mas medio muerto que medio vivo.
Si señor, estaba muriéndome y no me llenaba de ira saber que me alejo de esta vida, no me exasperaba por tratar de sobornar a la muerte, mas al contrario, lo acompañaba con algarabía, ya mis pies respondían y querían acelerar como si tratase de alejarme de las clases aburridas en la secundaria, nos alejábamos como dos amigos luego de tener sexo con la puta mas cara de lima y luego haber salido corriendo de ese puterío, así íbamos abrazados hasta donde me habían hecho llamar.
Al final de cuentas yo le agradecía por pasar a recogerme y el me agradecía por hacerle el trabajo mas fácil, mas fácil de lo normal… de pronto el tipo con bata blanca trataba de alejarme de el, trataba de regresar a vida a un ser que no quería que hagan ello, trataba de hacer de esta partida, la partida ideal, trataba de arruinar la fiesta de mis mejores enemigos, trataba de borrar esa sonrisa victoriosa al verme en una caja con un puto smoking que me haría ver mas gay de lo que ya me ven.
Era una pelea entre ese tipo con bata blanca contra este tipo de capucha negra, una batalla entre la alegría de unos cuantos hijos de puta, contra la tristeza de unos cuantos que creen que soy el muchacho con futuro exitoso, era una fucking lucha donde no quería tomar partida, donde no quería ver sonreír a esos mal nacidos al verme en esa caja inmóvil para no cobrarme cada maldita forma de joderme los días, era una lucha en donde tenia que escoger desprenderme de este tipo flacuchento, ojeroso y con aspecto de piraña reprimido, que por una parte era mi felicidad, era mi boleto hacia ese sauna eterno con viejos pedorros, ese sauna donde me haría pajas pensando en las veces que tuve sexo con mi antigua chica, pensando en una noche de pasión con la chica que ahora robo mi corazón o la felicidad de esos hijos de putas que tanto querían verme seis metros bajo tierra.
Mi batalla en la cual tenia que escoger si quedarme en esta vida o jubilarme antes de tiempo para gozar mas tiempo de ese sauna que tanto disfruto tan solo al recrearlo en mi cabeza gusanada.
Poco a poco ingresaba más, y en las paredes podía ver imágenes inéditas de mi vida, párrafos que había olvidado al pasar los años, algunos traían alegría, otros simplemente me llenaban de melancolía y rencor.
Estaba seguro que era un sueño, algo así como para recordarme quien soy, de donde vengo y para donde voy, de quienes están ahí para ayudarme y también en quienes debería poner mas atención para no sorprenderme con traiciones ya vividas.
Sigo avanzando hacia aquel punto sin mover las piernas, empiezo a perder de vista a las imágenes de aquella pared que era como un mural de mis recuerdos, mi vida, de mis momentos los cuales había perdido la noción, me concentro en el punto, en aquel punto que ya no era un punto, sino ya era algo mas grande que ello, que a medida que pasaba el tiempo tomaba mayor tamaño, a medida que se acercaba a mi la temperatura empezaba a cesar y ya las paredes estaban tan angostan que el frío de ellas acosaban mi presencia.
En el silencio de ese caminar involuntario, escucho melodías fúnebres, confesiones estupidas y madgalenicas, También escuchaba voces mientras la luz continuaba empañando mi presencia, empeñaba mi vida, mis sueños y todas las metas que había planeado (incluidas las metas vacías que había trazado para el placer del orgullo familiar).
Las voces empezaron a subir de tono, pero ya no sonaban madgalenicas, sino esta vez estaban exasperadas y algunas hipócritas, entendía que no era un sueño, entendía que no era una mas de mis tantas alucinadas historias, sino era mi muerte, paseaba por mi vida vagabunda y mísera, viendo recuerdos que había olvidado por alguna pastilla de las tantas que solía tomar hace varias semanas, recuerdos que fueron borrados porque a mi cabeza le importa un carajo recordar lo que paso ayer y dejar así que pase desapercibido, porque le parece una mierda tener que guardar algo que solo sería como una película vieja ya vista.
Y esa luz, ya no era luz, no era blanca, ya no era ese puntito que me atraía involuntariamente hacia el, era una puerta roja, una puerta manchada de sangre como si muchos hubieran luchado por no entrar en ella, como si muchos hubieran pasado por lo mismo que yo, y el túnel de mi vida había entendido que yo ya me he dado cuanta que estoy cerca de mi fin, habíase dado cuenta que reconocí que esta ruta era recorrido por muchos sin darse cuenta, hasta estar con Hitler en un sauna para gordos con pedos asfixiantes.
Recuerdo en ese momento las veces que hablaba con liya sobre mi muerte y las cosas que tenia que haber después de ella, algo así como una misión póstuma con la amenaza de que si no la cumpliese seria ella quien me acompañaría a ese sauna de gordos pedorros.
Para consolar la idea de que estaba casi muerto recuerdo las veces que dije que quería morir, y no se me quitaba la idea de que ese dios del que tanto me he mofado me estaba haciendo llamar a su apartamento donde se encontraría con pedro al lado de tres mujeres (una de compañía para mi, pues si dios lo sabe todo… debería saber que en el cielo o infierno quiero mujeres en abundancia) y me tocaría un juicio aburrido para que al final me toque una celda en el infierno con algún terruco que mi viejo mató en su adolescencia, o los polluelos que de niño acostumbraba apedrear hasta dejarlos decapitados, esta vez estarían ellos esperándome en manada y con ciertas mutaciones alienadas para vengar de mi hasta dejarme como yo les dejaba, mas medio muerto que medio vivo.
Si señor, estaba muriéndome y no me llenaba de ira saber que me alejo de esta vida, no me exasperaba por tratar de sobornar a la muerte, mas al contrario, lo acompañaba con algarabía, ya mis pies respondían y querían acelerar como si tratase de alejarme de las clases aburridas en la secundaria, nos alejábamos como dos amigos luego de tener sexo con la puta mas cara de lima y luego haber salido corriendo de ese puterío, así íbamos abrazados hasta donde me habían hecho llamar.
Al final de cuentas yo le agradecía por pasar a recogerme y el me agradecía por hacerle el trabajo mas fácil, mas fácil de lo normal… de pronto el tipo con bata blanca trataba de alejarme de el, trataba de regresar a vida a un ser que no quería que hagan ello, trataba de hacer de esta partida, la partida ideal, trataba de arruinar la fiesta de mis mejores enemigos, trataba de borrar esa sonrisa victoriosa al verme en una caja con un puto smoking que me haría ver mas gay de lo que ya me ven.
Era una pelea entre ese tipo con bata blanca contra este tipo de capucha negra, una batalla entre la alegría de unos cuantos hijos de puta, contra la tristeza de unos cuantos que creen que soy el muchacho con futuro exitoso, era una fucking lucha donde no quería tomar partida, donde no quería ver sonreír a esos mal nacidos al verme en esa caja inmóvil para no cobrarme cada maldita forma de joderme los días, era una lucha en donde tenia que escoger desprenderme de este tipo flacuchento, ojeroso y con aspecto de piraña reprimido, que por una parte era mi felicidad, era mi boleto hacia ese sauna eterno con viejos pedorros, ese sauna donde me haría pajas pensando en las veces que tuve sexo con mi antigua chica, pensando en una noche de pasión con la chica que ahora robo mi corazón o la felicidad de esos hijos de putas que tanto querían verme seis metros bajo tierra.
Mi batalla en la cual tenia que escoger si quedarme en esta vida o jubilarme antes de tiempo para gozar mas tiempo de ese sauna que tanto disfruto tan solo al recrearlo en mi cabeza gusanada.
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