jueves, julio 8

Historia bajo almohada

Era la mañana del último domingo presente, Alberto celebraba una de las misas más esperadas de la victoria y las familias mas poderosas de lima entera, se habían preparado hacia ya meses para esta ceremonia, los invitados ya habían sido avisados con tres meses de anticipación, ya que Carlos no quería que nada esté improvisado.
En la parte de adelante todos los Zevallos conjuntamente con los Gamboa, los trajes se hacían lucir por si mismo, algunos prestaban atención a las palabras del cura Alberto otros simplemente esperaban que el novio y la novia se den el si que los uniría para toda la vida.
Más atrás se podía ver a dueños de varios canales más influyentes del país, dueños de los clubes más prestigiosos de lima y hasta varios embajadores que eran amigos de la novia.
Todo marchaba como lo planeado, la ceremonia estaba cerca de clímax o la pronunciación de ambos para darse el tan esperados si por ambas familias.

Cuando de pronto un sonido extraño irrumpió en las paredes de aquella iglesia.

Parecía ser el llanto de un algo que era raro pero a la vez familiar, la miradas confusas se cruzaban entre si, yo sentía que mis manos eran acariciadas por el viento y también yo le acariciaba las manos a ella.
Algunos de la desesperación empezaron a dar pasos a la puerta mientras aceleraban poco a poco, otros decidimos esperar que Alberto salga del shock al que había entrado después de oír aquellas voces, que silenciaron a todos y despavoridamente saco corriendo a muchos.
Los chillidos continuaban pero a medida que transcurrían los segundos se hacían mas fuertes e insoportables, cada vez mas sentía que me acosaban, como si esperaran a que reaccione de manera violenta o simplemente los escuche como lo venia haciendo, trataba de interpretar lo que dicen o estar atento a las variaciones que habían en ella.

Todos corrían donde Alberto, el padre se había desplomado frente a todos, alterando mas así a los que habíamos quedado, también parecía que algunos querían seguir los pasos del cura, ya que en sus rostros se podía ver desesperación, angustia y temor que era normal en esos momentos .
Los lamentos cesaron por un momento, pero mi cabeza aun no entendía lo que pasaba, solo dispuse a levantar la mirada, buscar a Clara que había salido disparada cuando se desplomo Alberto... al verla cogiendo de la cabeza a Alberto decido correr a su lado, ayudarla en esos momentos en la que habíamos jurado estar en las buenas y las malas, ya que mi matrimonio ha sido como yo había deseado, inolvidable para todos.

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