miércoles, agosto 18

Un adios que jamas existio

Christian tenía los pasos mas apresurados, y la tarde ya rojiza nos apresuraba a nosotros también, algunos soltaban bromas pero las mujeres eran las más escurridizas de ello.
Yo por mi parte solo pensaba en que demonios hacía en este grupo, miraba de reojo a Katty, y ella no estaba tan espantada como creía, su cara reflejaba una sonrisa como si estuviera satisfecha de lo que veníamos haciendo.

Nubes negras cubrían el cielo de a pocos, y el ruido de los truenos nos daban el escenario perfecto para este juego.

El estruendo de los relámpagos seguían sacudiendo la tierra, y una ventisca azotaba la rama de los árboles, en el camino también se podía pequeñas tumbas vagabundas pero seguramente ya olvidadas.

- parece que va a llover, volvamos Christian - dijo Mayra –

- no me jodas, vete si quieres – respondió, sin voltear a verla.

Felizmente ella lo había dicho, porque estaba casi seguro que eran las mismas palabras que quería decirle, un poco de miedo me invadió, pero ya era demasiado tarde para darse para atrás, estábamos a solo unos cuantos metros a la entrada del cementerio.

Tres hombres y tres mujeres, yo iba talvez porque clarita me había invitado, y no quise darle un no para no parecerle un cobarde, mi madre, padre y hermanos no sabían donde estoy, así que lo mas probable es que en cualquier momento suene el celular para interrumpir el silencio que había en todos. La oscuridad poco a poco se apoderaba mas del cielo y Christian con voz de dictador ordena sacar las linternas que habíamos llevado, todos tenía modelos curiosos, y yo era el único que tenía la linterna mas anticuada y antigua de ese grupo de seis.

Tal y cual lo planeado el guachimán de la puerta principal no estaba, había salido y aprovechando su ausencia Kenyo se acerca y con un golpe del martillo logra romper el candado, lentamente entramos tratando de no tropezarnos con algo, y las linternas jugaban su papel de iluminarnos el camino como en alguna película de terror.

- Junior, ¿donde queda? Me preguntan algo apresurados-

- Habla huevas tristes, ¿donde enterraron a esa mierda? – Christian preguntó con voz jacarandosa.

Avanzo unos pasos sin decir ni una palabra, y recuerdo el lugar exacto donde enterraron al profesor de psicología, seguramente fue la razón por la cual fui invitado para esta noche, para guiarles a la tumba del Profe Ariosto, no dejó que muchos acudieran a su entierro, porque era de esas personas que odia la hipocresía, aunque tampoco entiendo porque me invitó si siempre le fui hipócrita.

Ariosto Concurre de la plata, habíamos llegado a la tumba del Profe mas jodido de la secundaria y uno por uno empezamos a tomar nuestras mochilas para sacar las cosas que habíamos acordado llevar, Christian ya tenia bajo el brazo el tablero de su viejo.

De pronto ya no me sentía tan asustado, algo dentro de este cementerio me había llenado de valor, o simplemente el verlos tan entusiasmados me llenaba también de entusiasmo

Formamos un círculo a manera de una fogata, con la excepción que en el centro de todos estaba un tablero de Quija y no trozos de madera con fuego, empezamos a tomarnos de la mano y yo tan solo me preocupaba en no aplastar tanto la mano de clarita que era tan cándidamente suave y seguramente ya se había dado cuenta que mi preocupación no era si el juego saliera bien, sino que le de un buen concepto de mi mismo.

El silencio otra vez era el himno de todos, en cuanto siento nuevamente que el ventarrón que había cesado estaba entre nosotros, el estruendo escalofriante del cielo otra vez amenazaba con una lluvia incesante.

Miro nuevamente a todos con una sonrisa entre los labios, y todos talvez estaban como yo, sonrientes por fuera pero podidamente asustados por dentro, Christian cerraba los ojos y movía los labios a manera de estar hablando con alguien más.

- Pajero de mierda esta podidamente drogado- Pensaba-

De pronto se escuchan pasos alrededor nuestro, el viento había incrementado y las linternas como si fuera algo preparado empezaban a fallar, siento que clara me aplasta la mano y la miro con cierta duda pero nadie suelta alguna palabra.

Un sonido extraño escucho mientras miraba fijamente a clara.

- ¡Mierda! ¡Que carajos te pasa! – gritaba Christian –

- ¿Katty estas bien? – salto inmediatamente Kenyo a auxiliarla

- ¡Me ha cagado el polo! – insistía Christian mientras se limpia el vomito de Katty

Katty había empezado a vomitar y lo que mas preocupaba es que todas las linternas habían dejado de emitirnos luz, solo una permanecía activa, mi linterna era la única que nos iluminaba, así que también salto donde esta Katty para ver que estaba pasando. En la confusión de todo olvido a todos y casi todos estaban atentos para ver que había pasado con Katty, con el rostro en el suelo las preguntas de ¿Katty estas bien? Eran abundantes, no levantaba la mirada y seguía vomitando cuando mi linterna nos deja a oscuras.

- ¡Concha tu hermana!, ¡prende tu linterna carajo! – Gritaba Christian exasperado.

- ¡Ahh! – un sonido brusco a mi costado escuche, mientras seguía en mi intento de prender mi linterna.

- ¡Junior de mierda! Busca las linternas, sus gritos ya no eran tan pasivos, estaba asustado, lo podía notar, me detengo de todo y solamente escucho las voces de cómo me carajeaban, alguien había echado en llanto y posteriormente escucho a otro gritar.

- ¡Ya nos cagamos concha su madre!

Siento un empujón de mi lado y al tratar de no caer me tropiezo con un cuerpo, yo también ya estaba muy asustado, todo había salido de control y estaba tirado en el piso al costado de no se quien pero seguramente inconciente porque no hacía ningún movimiento o alguna queja.

Con la mano trato de hacer algo, y me muerde al palpar sus dientes, estaba despierto pero en silencio, alejo rápidamente mi mano e intento levantarme y me toma del pie.

- Suéltame carajo – grite, repartiendo patadas para tratar de liberarme

Me agarra más fijamente, y yo estaba asustado, el desorden de todos y en todos estaba en cada centímetro del aire, ya no escuchaba la voz de Christian y lo primero que pensé es que salió corriendo a cualquier parte para tratar de alejarse de este lío, tampoco escucho la voz de Katty, Kenyo, Mayra ni Clarita.

Sentía que todos me habían dejado a la deriva, sentía que todos encontraron la manera de largarse y lo hicieron sin importar que uno de ellos aun estuviera confundido, asustado y casi al punto de echar en llanto.

Caigo nuevamente sin ningún esfuerzo de evitarlo, como resignado a dejar pasar todo, y esta vez al caer siento dos cuerpos tirados, ya no solo era uno, ahora eran dos, como si los cuerpos brotasen de la tierra y se quedaran inmóviles viéndonos en nuestro lamentar, en nuestro miedo y miseria, había pasado solo un par de segundos y ya eran dos.

Tirado en el piso, pienso solo en clara, que habría pasado después de la vez que la vi fijamente y me lance a ayudar a Katty, que habría pasado con ella después de eso, talvez salio corriendo o esta tirada en algún lugar de este maldito cementerio como yo, sin querer hacer nada, y talvez también piense en mi.

El viento cesa pero el sonido de la oscuridad me llena de una tranquilidad que no era de la ocasión, talvez ya estaba muerto o talvez todo había pasado.
El cuerpo del lado que hace un momento estaba inmóvil trata de levantarse, y como si no lo dejase ir le tomo de la pierna, intenta librarse con patadas pero lo sujeto más fijamente, pero las patadas seguían lloviéndome. Hasta que también se da por vencido, me había pasado lo mismo y ahora pienso que también el cuerpo que esta a mi otro lado esta en la misma situación que yo, en ese estado de querer dejar pasar todo.

- ¿Kenyo eres tú? – alguien decía asolapadamente

- ¿Cristian, eres tú? – insistía.

- Soy Junior – respondí

- ¿Estamos jodidos verdad? Decía con voz chistosa.

- Si, estamos jodidos.

- Disculpa por patearte, me dijo

- No te preocupes, yo también no se a quien patee.

- ¿Porque me agarraste del pie? Preguntó algo molesta

- Porque yo también lo agarre y también ese cojudo me pateo, dijo el otro cuerpo que estaba tirado al otro lado.

Christian era aquel cuerpo que en primer momento me agarro y lo fulmine a patadas, luego yo agarre a Clara y también me fulmino a patadas, por lo menos ya sabía que no era el único el cementerio, aunque aun me preocupaban los demás, me daba calma que tres de seis estuviéramos bien.

Al levantarnos lo primero que hago es examinarme de pies a cabeza, encontrar algo para alumbrarme y encuentro mi celular, con la pequeña luz que tenía encuentro la linterna con el que estaba Katty.

Ya cada uno con las linternas empezamos a buscar a los otros tres del grupo.

- Jajaja, par de cacheros- gritó Christian a mis espaldas y veo que había encontrado a Kenyo y Mayra abrazados de una forma muy curiosa.

- Ya huevonazo, déjate de huevadas y ayúdanos a buscar a Katty.- dijo-

- Kenyo aun no salía del shock, así que Clara empieza a hablarles para ayudar un poco.

En la búsqueda de Katty, encuentro uno de los zapatos de ella, no quise hacer ningún comentario para no preocuparlos, así que seguí buscando hasta tropezarme con un cuerpo totalmente carbonizado.

- Cris, Clara, vengan un rato – dije –

Sus pasos se hacen acelerados para llegar donde estoy, y al ver el cuerpo.

- ¡Puta mare! Esta huevada ya no me gusta – dijo Christian

- ¿Es Katty? - Preguntó clara –

Me acerco para darle vuelta, y tratar de reconocer su rostro, y no fue nada difícil reconocerla, era ella…

- ¿esa ella no? Preguntaba Cris –

- Si, estamos jodidos. Dije viéndole a Christian

La lluvia empezó a caer de manera inoportuna, cuando Kenyo y Mayra se incorporan nuevamente al grupo, entendieron automáticamente el silencio y las caras largas, entendieron rápidamente que el cuerpo tirado era de Katty.

- y ahora ¿Qué hacemos? – dijo Kenyo

- Largarnos de aquí – exclamo Christian

- ¿Piensas dejarla aquí como si nada pasó Cris?

- No quiero podrirme en la cárcel por esta huevada – dijo mientras cogía su mochila y se disponía a retirarse.

- Tu no te largas marica de mierda – le dije con cierto repudio-

- Que vas a hacer poetita de mierda, me vas a pegar o te vas a quejar a tu profesorcito que ahora esta muerto – respondía mientras me alumbra con su linterna –

Me acerco dispuesto a pegarle un puñete, pero Kenyo se me cruza, cálmense par de cojudos, nada solucionan trompeándose. Estaba conciente que Cris me iba a terminar dándome una paliza tremenda, pero no podía dejarlo marchar así tan fácilmente mientras vemos a uno de nosotros muerto.

La lluvia cada vez mas era intensa, por momentos el cementerio se iluminaba gracias a los rayos que amenazaban con llegar a tierra.

- recojan sus cosas que nos largamos, insiste Christian

Mientras veo que Mayra y Clara hacen lo mismo que el, recogen sus mochilas mojadas y se disponen a retirarse, talvez por miedo, pero no por querer dejar a uno de nuestras mejores amigas, no por la orden del muy hijo de puta que siempre actuaba con cierta frialdad en todas las situaciones.

- vamos junior, si te quedas te jodes – me dijo Kenyo.

Agarre mi mochila y con las linternas nos retiramos olvidando que a solo unos metros esta ella muerta, olvidando que paso algo y aun con confusión volvemos uno menos. Y talvez hubiera pasado si fuera yo, Cris o alguno de nosotros, nos hubieran dejado como si nada hubiera pasado. Como si solo fuéramos eso. Un cuerpo carbonizado.

lunes, agosto 9

La soledad y mi padre

Comúnmente suelo recordar a mi padre como un hombre feliz en su tristeza y triste en su felicidad, un hombre que siempre trata de buscarle solución a cualquier problema que se le presentase y un hombre amante excesivamente de las tardes grises a punta de cigarrillos.
Al hurgar entre mis recuerdos sobre el, es inevitable también pensar que hasta el día de hoy sigue siendo aquella persona que permanece con la mirada risueña, con la carcajada mas iridiscente y con su ya acostumbrado cigarrillo entre los dedos. No puedo asegurar que es un hombre completamente feliz, pero tampoco infeliz.

En algún momento escuche que el también escribía versos, párrafos de su día a día, pero por ser yo jamás le tome importancia, jamás pensé que me vería envuelto en casos parecidos a las de el porque siempre pensé que tenia ideas muy vanguardistas, muy anticuadas como para yo tomarle por lo menos un tanto de atención.


Recuerdo la ultima navidad que pasé junto a el, pues había decido llevarme a la tierra que me vio nacer, nada menos que a veintidós horas de lima, fue la ultima vez que lo vi de frente, la ultima vez que me hacía bromas y la ultima vez que me hacía recordar aquellos apodos con los que me llamaban el y sus amigos, no había nada cierto en que pasaríamos una navidad juntos, pero no puedo negar que esa navidad es y será una de las navidades mas memorables que tengo para contar en mi memoria, una de las navidades en las que había decidido olvidarme de todo y todos para estar a solas con los recuerdos de mi infancia, exactamente el veinticuatro por la noche cuando llegamos, un amigo mío y de el, organizó una cena, pero no sería una cena muy común, sería una cena entre tragos y cigarros, una orgia de cerveza, caña, vino entre otras especies.

Luego de ocho años las cosas ya eran diferentes, los campos donde corríamos los de la primaria, ya no existían, eran habitadas por personas que para mi en su totalidad eran extrañas y seguramente al verme ahí, también les parecí un completo extraño perdido en si mismo, al ver cada rostro conocido inmediatamente brotaban recuerdos en mi cabeza que hasta ese momento había sido desterrados por el hecho de no recordarlos constantemente.

Una que otra persona se acercaba a preguntar.
¿Es tu hijos señor pepe?
y mi padre tan solo se limitaba a sonreír, como si quisiera decir, si pues, es lo mejor que pude.

Nunca pude entender como es capaz de lograr disimular sus pesares, las veces que lo veía sollozar era porque estaba muy feliz y no triste, era porque dentro de su felicidad están recuerdos de momentos que para el son únicos, o talvez era porque no podía compartir su felicidad con todos aquellos que el quisiera que estén vivos o simplemente el alcohol le ponía un tanto melancólico, un tanto desnudo sentimentalmente, algo mas real de si mismo.
El pretender enseñarme ciertas cosas, casi siempre fue un fracaso, el pretender también imponerme sus ideales son un completo fracaso, lo que si no fue un fracaso entre mi padre y yo, es formar una amistad, un cierto cariño que no parece familiar, mas parece amical, un afecto como el que hay entre dos amigos casi hermanos, pero entre el limite siempre existía un respeto que supo ganárselo.

Y los momentos en que podía ver sonrisas en su rostro, eran porque trataba de ocultar algún tipo de malestar, pesar u otro tipo de problema a la cual nos tenía desinformado, de su juventud se poco, por el mismo hecho de que no le gusta tocar el tema y nunca me intereso como era de joven, no tuve tiempo de hacerle ciertas preguntas que hoy tan solo me limito a responderme a mi mismo como tratando de pensar tal y cual como a le gusta pensar

domingo, agosto 1

Parrafos del cuento perdido

Quiero ser escritor le dije, quiero hacer de mi vida una de las historias mas románticas que existan, una historia con una princesa, una historia con un final feliz, con personajes creados netamente por mi y para mi, quiero ser escritor porque en mi mundo no existe otra cosa mejor que hacer historias, recrear objetos que giran alrededor de mi cabeza, de momentos que sin pensarlos o quererlos vuelven como brisas en primavera.

- ¿estas tu loco? – respondía mi padre.

- ¿Piensas que tus novelitas pornográficas te darán de comer toda la vida?

Eran pocas veces las que escuchaba ese tono de voz en mi padre, pero cada vez que las oía podía vaticinar que recibiría un sermón agotador y que al punto de vista de el, me dejara sabias enseñanzas. Pero también el sabe que trataré de ignorarlo mientras habla, que trataría de hablar con algún ser extraterrestre telepáticamente mientras el me cuenta su vida con anécdotas de triunfo, sacrificio y entrega completa a su trabajo.

- ¿estas escuchando no huevonaso?

- Si papá, respondí con aserción, cuando en verdad pensaba en como mandarle al carajo.

Podía ver que su impaciencia hacia mi ya era casi al limite, en cualquier instante se retiraría y me diría que me ponga a estudiar y dejar de escribir tontería y media, o como el le llamaba, novelitas pornográficas, y no es que no sean pornográficas, porque mi afición iba mas allá de tan solo escribirlas, sino también ser parte de ellas, porque al momento de leer un cuento o novela, es mejor fantasear, estar encarnado en el personaje principal, vivir con el, esa aventura de la cual el autor es dueño completamente de lo que va sucediendo, por razones que a veces ni el mismo se entiende, por eso yo quería ser escritor y esta tarde tenía en frente una muralla que es mi padre, un abogado muy reconocido por sus juicios ganados nacional e internacionalmente. Un huevón que me trataba de decir que yo también tengo que ser abogado para cargar todos los días papeles de pleitos amorosos, cuando al final hasta yo sabía que gana el que mas plata tiene.

En un gesto de apuro, me dice que ya esta a punto de irse, mientras mete su mano al bolsillo derecho, también ya conocía esa parte del día, ya conocía todos los pasos que debía dar cada vez que me encontrase a media paja con una de las historias que se me venía a la cabeza.

- ahí tienes para tu almuerzo, y no comas porquería – apresuradamente trata de incitarme a ir al mismo restaurante que el suele ir con sus amigos amanerados.

- Papá, ¿eres gay? – pregunte sabiendo que iba a tener problemas por esa pregunta.

Me miró como si yo estuviera asesinando a la abuela o interrumpiendo una de sus reuniones a las cual el llama muy importantísimas.

Recogiendo el dinero que hace un momento había puesto sobre mi cama, sale sin decir ni una palabra.
Mientras yo trataba de reírme de la pregunta que había hecho, entendía que me iba a costar el día sin almuerzo, pero si la abuela estaría en estos casos diría, ¡ya dios proveerá¡ ¡ ya dios proveerá¡

Terminando de hacer una historia mas para mi colección, salgo a la calle a buscar a algún amigo que provea algo para el almuerzo, porque también sabía esa parte de la historia, dios no proveería nada para comer, dios no estaría en ese instante cuando el estomago empiece a refunfuñar como un relámpagos en el cielo.

Luego de andar caminando por más de media hora, una voz me detiene.

- ¿Donde vas?

- A ninguna parte – respondía.

- ¿Peleaste otra vez con tu padre verdad?

- Felizmente si.

- ¿Y tu? ¿Como has estado? – pregunté como si hablase con cualquier chiquillo —

- Bien. Respondía mi madre mientras bajaba la cabeza.

- ¿Porque me hablas así? – preguntaba ella –

- Porque me da la gana. – respondí –

Por un momento el silencio entre ambos era fúnebre, mientras pensaba en seguir mis pasos como si no la hubiera visto, recuerdo que yo quería algo. Ella quería hablar conmigo, y yo no quería quedarme sin almuerzo.

- ¿Qué quieres? – pregunté –

- Hablar contigo hijo.

- No me digas hijo, me siento raro. – respondía –

- Vamos a comer, tengo mucha hambre – decía ella-

Y con un movimiento de la cabeza indico por donde ir, tenía en mente el restaurante de la china del mercado, pero recuerdo que le debía un tres menús y estaba casi seguro que si me veía con mi madre trataría de cobrarle a ella, y yo no quiero parecer un miserable, menos aun si es con ella.

Mientras íbamos caminando ella no suelta ninguna palabra, solo se limita a verme de reojo un par de veces, como si se percatara que no tengo ningún cuchillo en la mano, como si estuviera atenta a los pasos que iba dando, mientras yo trataba de crear una historia en mi cabeza ignorando totalmente su presencia.

Al volverme a mi mismo, recuerdo un lugar donde preparan los mejores platos de lima, recuerdo que siempre que mi padre me dejaba dinero le pedía al gerente del restaurante una boleta para engañarle que comí en tal sitio, cuando me aproximo a la esquina que nos recortaría el camino hacía dicho restaurante, entro sin hacer ningún gesto a un callejón desolado, sucio y con pintarrajas incomprensibles, doy unos pasos en el y ella se había detenido.

Volteo y veo en sus ojos una confusión que me recordaba al entierro de la abuela. Era normal que sospeche que trato de matarla, pero no era mi intención, no por lo menos hasta saciar el hambre que ya estaba empezando a sentir.

- ¿que pasa? – le pregunté.

- Nada. – voltea y mira hacía un tico amarillo mientras hace un gesto para detener el taxista –

Era normal que sospeche de mi, era normal que cuando volteé en este callejón de mala muerte, piense que la mataría, como sospecharon cuando falleció la abuela, que el único sospechoso era nada menos el nieto de la abuela ricachona asesinada, era normal que ella se marche de esa forma y es normal también si me denuncia por intento de asesinato cuando en realidad lo único que quería es comer un plato con frijoles y volver a mi casa a seguir escribiendo historietas sin fin.