Comúnmente suelo recordar a mi padre como un hombre feliz en su tristeza y triste en su felicidad, un hombre que siempre trata de buscarle solución a cualquier problema que se le presentase y un hombre amante excesivamente de las tardes grises a punta de cigarrillos.
Al hurgar entre mis recuerdos sobre el, es inevitable también pensar que hasta el día de hoy sigue siendo aquella persona que permanece con la mirada risueña, con la carcajada mas iridiscente y con su ya acostumbrado cigarrillo entre los dedos. No puedo asegurar que es un hombre completamente feliz, pero tampoco infeliz.
En algún momento escuche que el también escribía versos, párrafos de su día a día, pero por ser yo jamás le tome importancia, jamás pensé que me vería envuelto en casos parecidos a las de el porque siempre pensé que tenia ideas muy vanguardistas, muy anticuadas como para yo tomarle por lo menos un tanto de atención.
Recuerdo la ultima navidad que pasé junto a el, pues había decido llevarme a la tierra que me vio nacer, nada menos que a veintidós horas de lima, fue la ultima vez que lo vi de frente, la ultima vez que me hacía bromas y la ultima vez que me hacía recordar aquellos apodos con los que me llamaban el y sus amigos, no había nada cierto en que pasaríamos una navidad juntos, pero no puedo negar que esa navidad es y será una de las navidades mas memorables que tengo para contar en mi memoria, una de las navidades en las que había decidido olvidarme de todo y todos para estar a solas con los recuerdos de mi infancia, exactamente el veinticuatro por la noche cuando llegamos, un amigo mío y de el, organizó una cena, pero no sería una cena muy común, sería una cena entre tragos y cigarros, una orgia de cerveza, caña, vino entre otras especies.
Luego de ocho años las cosas ya eran diferentes, los campos donde corríamos los de la primaria, ya no existían, eran habitadas por personas que para mi en su totalidad eran extrañas y seguramente al verme ahí, también les parecí un completo extraño perdido en si mismo, al ver cada rostro conocido inmediatamente brotaban recuerdos en mi cabeza que hasta ese momento había sido desterrados por el hecho de no recordarlos constantemente.
Una que otra persona se acercaba a preguntar.
¿Es tu hijos señor pepe?
y mi padre tan solo se limitaba a sonreír, como si quisiera decir, si pues, es lo mejor que pude.
Nunca pude entender como es capaz de lograr disimular sus pesares, las veces que lo veía sollozar era porque estaba muy feliz y no triste, era porque dentro de su felicidad están recuerdos de momentos que para el son únicos, o talvez era porque no podía compartir su felicidad con todos aquellos que el quisiera que estén vivos o simplemente el alcohol le ponía un tanto melancólico, un tanto desnudo sentimentalmente, algo mas real de si mismo.
El pretender enseñarme ciertas cosas, casi siempre fue un fracaso, el pretender también imponerme sus ideales son un completo fracaso, lo que si no fue un fracaso entre mi padre y yo, es formar una amistad, un cierto cariño que no parece familiar, mas parece amical, un afecto como el que hay entre dos amigos casi hermanos, pero entre el limite siempre existía un respeto que supo ganárselo.
Y los momentos en que podía ver sonrisas en su rostro, eran porque trataba de ocultar algún tipo de malestar, pesar u otro tipo de problema a la cual nos tenía desinformado, de su juventud se poco, por el mismo hecho de que no le gusta tocar el tema y nunca me intereso como era de joven, no tuve tiempo de hacerle ciertas preguntas que hoy tan solo me limito a responderme a mi mismo como tratando de pensar tal y cual como a le gusta pensar
Siiiiiii mio mi papa, el me mima, el mio es el mejor, lero lero cantilerooooo jejeje. Te amo viejito lindo. Ahhh junior, saludos para pincho loco jajaja.
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