En las mañanas el sol se asomaba para dar inicio al día con una brisa que acariciaba cada piel encontrada a su paso. El gallo era el cómplice perfecto para mayoría, avisaba que ya era hora de partir a las chacras o el lugar donde uno debía estar y empezar con la rutina del día para así esperar al próximo, al próximo y al próximo.
Era una rutina muy buena, saludable y silenciosa. A los niños nos recluían por seis horas en los salones y así ellos podrían tener mas horas libres sin nosotros, era una especie de liberación momentánea que ellos buscaban al mandarnos a esas escuela mediocres con las mejores intenciones por supuesto, pero no con el conocimiento que la gran mayoría de esos profesores de la época eran grandes fanfarrones que alardeaban con un titulo que ahora cualquiera puede lograr obtener.
Se podría decir que por las tardes nosotros dábamos vida al pueblo, nuestra bulla era fundamental en lo cotidiano, a algunos les molestaba pero aceptaban poco a poco que ya conformamos parte des sus tardes, fuimos muchas veces la sal de sus vidas, esa sal que de todas formas debía existir en ellos.
En algunos de nosotros pusieron sus fichas y en otros solo quedaba dejarlos a la suerte, algunos fuimos vistos como los futuros de ese pueblo otros ya daban indicio que serian los mejores agricultores como lo predijeron sus padres.
Las noches ya se tornaban más frías, las sonrisas ya empezaban a desaparecer transformándose y desapareciendo lo que la tarde dibujaba en esos rostros, a esa edad aun no lograba descifrar lo que realmente pasaba, pero si ya a empezar a vivirla.
Mi padre salía de casa con sus amigos, también en parte de esa rutina a la cual nos acomodamos día a día, la motivación era genial. El premio que todos recibiríamos al día siguiente era nuestras vidas, nuestras propias vidas, no existía comisión de la verdad ni reparaciones civiles tan solo se sabia que existía algún estado en un lugar llamado lima que solo pocos conocían, esa era nuestra realidad. Nuestra fría y cruel realidad, nos teníamos que conformar con recibir ayuda cada cinco años cuando las campañas electorales ya estaban a la puerta de la equina. Como es hoy cuando la campaña ya esta presente recién se acuerdan unos cuantos en revisar el patético plan vrae que lo realiza cualquiera menos alguien que conoce el verdadero vrae.
Era una rutina muy buena, saludable y silenciosa. A los niños nos recluían por seis horas en los salones y así ellos podrían tener mas horas libres sin nosotros, era una especie de liberación momentánea que ellos buscaban al mandarnos a esas escuela mediocres con las mejores intenciones por supuesto, pero no con el conocimiento que la gran mayoría de esos profesores de la época eran grandes fanfarrones que alardeaban con un titulo que ahora cualquiera puede lograr obtener.
Se podría decir que por las tardes nosotros dábamos vida al pueblo, nuestra bulla era fundamental en lo cotidiano, a algunos les molestaba pero aceptaban poco a poco que ya conformamos parte des sus tardes, fuimos muchas veces la sal de sus vidas, esa sal que de todas formas debía existir en ellos.
En algunos de nosotros pusieron sus fichas y en otros solo quedaba dejarlos a la suerte, algunos fuimos vistos como los futuros de ese pueblo otros ya daban indicio que serian los mejores agricultores como lo predijeron sus padres.
Las noches ya se tornaban más frías, las sonrisas ya empezaban a desaparecer transformándose y desapareciendo lo que la tarde dibujaba en esos rostros, a esa edad aun no lograba descifrar lo que realmente pasaba, pero si ya a empezar a vivirla.
Mi padre salía de casa con sus amigos, también en parte de esa rutina a la cual nos acomodamos día a día, la motivación era genial. El premio que todos recibiríamos al día siguiente era nuestras vidas, nuestras propias vidas, no existía comisión de la verdad ni reparaciones civiles tan solo se sabia que existía algún estado en un lugar llamado lima que solo pocos conocían, esa era nuestra realidad. Nuestra fría y cruel realidad, nos teníamos que conformar con recibir ayuda cada cinco años cuando las campañas electorales ya estaban a la puerta de la equina. Como es hoy cuando la campaña ya esta presente recién se acuerdan unos cuantos en revisar el patético plan vrae que lo realiza cualquiera menos alguien que conoce el verdadero vrae.
Bastaron ocho años de los treinta que se vivió de la tan cobarde guerra maoísta, talvez no sea el indicado para reprochar al gobierno pero con que conocimiento alguien puede hablar de algo que desconoce, como señorita Lourdes Flores Nano puede hablar del amor de madre si no sabe que es ser madre, como los pescadores podrían hablar de astronomía.Parece que es necesario recordarle al gobierno que ese sendero que tanto lo minimizaba en los ochentas hoy vuelve a ser ese mismo sendero que no mata ni una mosca.
Es la historia de jamás acabar, por más tanques, misiles y aviones que se compren siempre se sabe de muertes y derrotas de un ejército tan poderoso como el nuestro, que en esos tiempo que ya poco recuerdo eran mas temidos que los propios tíos como todos los llamaban.
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